La acuicultura peruana enfrenta el desafío de prepararse para alteraciones ambientales que pueden comprometer su producción y sanidad. El comunicado del ENFEN del 28 de septiembre de 2026 proyecta que El Niño Costero mantendría una magnitud extraordinaria respecto al calentamiento del mar hasta enero de 2027. Sin embargo, sus efectos no serán iguales en todo el país: se prevén lluvias superiores a lo normal en sectores de la costa y sierra norte occidental, mientras la sierra sur y la Amazonía presentarían precipitaciones y caudales entre normales e inferiores a sus promedios. La preparación debe responder a estas diferencias territoriales.
En la selva, la prioridad es proteger la calidad del agua y su disponibilidad. Para la tilapia y los peces amazónicos, debemos considerar escenarios de calor intenso y menor abastecimiento de agua, verificándolos mediante pronósticos locales y mediciones en las granjas. El calentamiento disminuye la capacidad del agua para contener oxígeno; además, lluvias frías intensas pueden mezclar las capas de estanques profundos y llevar agua pobre en oxígeno hacia la superficie. Propongo reforzar el monitoreo al amanecer y después de cambios bruscos del tiempo, comprobar la capacidad de aireación y ajustar alimentación y siembras al agua disponible. La tolerancia de una especie al calor no garantiza que soporte la combinación de temperatura elevada, hipoxia y alta biomasa.
En la sierra, la truchicultura necesita prepararse tanto para excesos como para déficits de agua. No corresponde anticipar lluvias sin precedentes en toda la región: el pronóstico diferencia sectores y señala caudales inferiores a lo normal en la región hidrográfica del Titicaca. Desde una perspectiva sanitaria, propongo evaluar cómo respondería cada centro ante menor renovación de agua, calentamiento o interrupción de su captación. En zonas expuestas a lluvias intensas, también deben revisarse el ingreso de sedimentos y los daños a canales y bocatomas. Las estrategias incluyen vigilar temperatura y oxígeno, mantener captaciones y evaluar cosechas escalonadas para reducir biomasa cuando el abastecimiento resulte insuficiente.
En la costa, las lluvias, inundaciones y huaicos requieren una preparación física y logística. El ENFEN prevé aumentos de caudal en ríos como Tumbes, Chira y Piura; los antecedentes recopilados por el MINAM describen daños a infraestructura productiva, carreteras y puentes durante eventos fuertes y extraordinarios. Para los centros ubicados en áreas expuestas, propongo revisar drenajes, diques, captaciones y rutas de acceso, además de proteger equipos y reservas de alimento. Los huaicos también pueden afectar instalaciones y conexiones entre sierra y costa. Por ello, la evaluación debe identificar qué ocurriría si una granja queda aislada o pierde simultáneamente el acceso al agua, la electricidad y el transporte.
Estos escenarios pueden combinar estrés, variaciones de temperatura, bajo oxígeno, menor caudal y daños directos a las instalaciones. Los antecedentes muestran la importancia de anticiparse: la cosecha peruana de concha de abanico pasó de 55.096 toneladas en 2014 a 11.927 en 2017, y PRODUCE documentó la afectación significativa de Sechura por El Niño Costero de ese último año. La caída no puede atribuirse íntegramente a una sola causa. Desde la sanidad acuícola, mi propuesta es investigar las mortalidades con registros ambientales, evaluación clínica y muestras oportunas: identificar el origen del problema permite decidir si corresponde corregir el ambiente, modificar el manejo o abordar una enfermedad.
Chile ofrece una referencia concreta de preparación. Tras una floración de microalgas nocivas que ocasionó cerca de 39.943 toneladas de mortalidad de salmonídeos en 2016, actualmente desarrolla coordinación pública y privada, revisión de contingencias y simulacros en regiones productoras. Perú puede adaptar esta experiencia a sus sistemas marinos y continentales. Propongo ensayar fallas de aireación, pérdida de captaciones, aislamiento de granjas y mortalidades simultáneas, comprobando responsables, equipos, transporte y disposición segura de peces muertos. Un plan adquiere valor cuando demuestra que puede ejecutarse bajo condiciones difíciles.
La preparación nacional debería organizarse por cuencas y zonas productivas, articulando a autoridades, entidades científicas, laboratorios y productores. Propongo priorizar centros vulnerables, compartir registros de temperatura, oxígeno y caudal, y establecer criterios para activar asistencia técnica y logística. Cada granja necesita decidir anticipadamente qué biomasa puede proteger, qué equipos debe respaldar y cuándo conviene ajustar sus siembras o cosechas. El Niño representa un desafío serio para toda la acuicultura peruana; reducir las pérdidas exige convertir la información climática en decisiones sanitarias, productivas y de infraestructura antes de que la emergencia supere nuestra capacidad de respuesta.
El Niño extraordinario: un gran desafío para toda la acuicultura peruana